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Fútbol alemán

Deutsche Welle en español

Daniel Martínez | Champions League Equipos

Otros 7 goles, pero estos muy fáciles…

Las cosas hay que decirlas como son: el Bayern arrolló en el marcador, sí; pero Basilea tampoco opuso resistencia ni buscó gran cosa el partido. No se necesita ser un delincuente talentoso para robar una joyería sin alarma, ni vigilantes, cuyas puertas se dejan abiertas en la noche.

No voy a quitarle meritos a la exhibición de poderío del Bayern en el partido de vuelta de la Champions League, un 7-0 habla un idioma propio que entiende todo el mundo. Pero el rival, que no mereció el apelativo, a veces (esta vez) aportó lo suyo para que los de Múnich brillaran.

Los suizos empezaron el partido desde el inicio con mucha precaución, lo cual permitió que en los primeros 20 minutos los alemanes no sólo ya estuvieran adelante 1-0, sino que apelando a la justicia del fútbol, el marcador debería señalar un 4-0.

Pero ese primer envión del Bayern se transformó entonces en una parsimonia inexplicable; los dueños de casa acusaron hasta la jugada del segundo gol (minuto 42), una tranquilidad y lentitud preocupante, porque por momentos se temió que el visitante despertará.

Pero Basilea no lo hizo, pese a tener el tiempo suficiente (más de 20 minutos) y una muy clara radiografía de su mayor problema en el arranque del compromiso, la inexistencia de un mediocampo que funcionara y la excesiva perdida de balón en el tránsito al ataque. Entonces llegaron los goles dos y tres, que como explicó el entrenador visitante Heiko Vogel, se dieron en el momento apropiado para el Bayern, antes de la pausa, sentenciando el partido y acabando con la moral suiza.

Empezando el segundo tiempo, para terminar de destrozar al Basilea, no bien los suizos intentaban corregir su actitud, cae el cuarto gol (minuto 50). Liquidado el partido, en especial porque los de la visita no supieron encontrar el momento para corregir el rumbo y pararse a pelear el juego.

Y sí, el Bayern cumplió con mucha altura, pero leo en muchas partes halagos a la pareja Robben-Ribéry que no comprendo, y no los comprendo porque el francés estuvo de lejos, muy, muy, muy de lejos, superior al holandés.

Ribéry fue el alma de todas las acciones de ataque, en el momento en el que el Bayern parecía sumirse más y más en el letargo post primer gol, recuperó un balón y envió genialmente (aunque el pase no fue perfecto) a Robben al vacío para que éste le sirviera a Müller el 2-0.

Y no contento con ello le puso en los pies, y en la cabeza, los goles cuatro, cinco y seis a Mario Gómez.

No sólo los dribles del francés son más efectivos para el colectivo, sino que también defendió con gran vehemencia, y apoyó al novicio lateral David Alaba en la misión (cumplida con éxito) de anular a Xherdan Shaquiri.

Este 7-0 fue una gala de todos, pero en especial de Franck Ribéry. Y atención, como me dijo ayer el presidente del Bayern Uli Hoeness, no hay que sobrevalorar lo sucedido: “no, aún no estamos a la misma altura del Barcelona o Real Madrid; contra Basilea nos sonrío la fortuna de encontrar los goles en el momento indicado, y que los suizos no asimilaron los golpes. Eso es todo”.

Date

marzo 14, 2012 | 2:53 pm

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