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Fútbol alemán

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Daniel Martínez | Champions League Copa Alemana

Faltan 6 días: Tiempo de correcciones

Karl-Heinz Rummenigge, directivo del Bayern, abrió el banquete (que debía ser de celebración) posterior a la final de la Copa Alemana diciendo “no fue casualidad, tampoco mala suerte; fue una humillación”.

Nada más acertado. Aquí se los dije (eso sí, confiando plenamente en que el título se iría a Múnich): para el Bayern “el año huele a gloria, pero esa gloria hay que saborearla, de lo contrario el hambre queda, y con ella la frustración”.

Después del 1-5 contra el Dortmund, pensando en la final de la Champions League, contra Chelsea, la única oportunidad que queda para hacer de una temporada regular una histórica, ha llegado el tiempo de reflexionar y hacer correcciones.

No hay que discutir, mucho menos incurrir en el error de intentar poner en duda, lo evidente: Dortmund fue superior de principio a fin en el Estadio Olímpico. Pero sí existe la obligación de analizar el por qué el Bayern fue tan inmensamente inferior en un partido de semejante trascendencia.

El entrenador Jupp Heynckes señaló, acertadamente, que el equipo se equivocó de principio a fin. Yo retomo las palabras de Rummenigge: no fue casualidad, ni mala suerte.

Ante todo hay que empezar con que quizás el primer error (aunque es el más insignificante) lo cometieron las directivas del club, haciendo de la conquista en casa del título de la Champions League. Para muchos en la cancha, la Copa Alemana parecía (en momentos determinados) un “trofeo de segunda”; había un relajamiento exagerado y en muchos pasajes lució como si el Bayern no se tomara en serio el partido. Se extraño la pasión y la entrega.

El segundo error, en mi opinión, nace con la formación que presenta el entrenador Heynckes. Su propósito era, sin duda, dejar jugar al mejor once a su disposición, no al mejor once necesario. Luiz Gustavo, Holger Badstuber y David Alaba fueron titulares pese a que no estarán en la final de la Champions League por suspensión.

Esta no sólo hubiera sido la mejor oportunidad, al máximo grado de exigencia, de madurar los cambios posicionales a los que está obligado el próximo sábado en Múnich: Müller, Tymoshchuk, Contento (que Rafinha parece estar completamente descartado para poder conservar la pareja Lahm-Ribery por la banda opuesta). También era claro que la motivación de los reservistas es mucho mayor que la de los marginados.

El tercer error es de carácter táctico. Después de 4 derrotas consecutivas frente al Dortmund, se esperaba que el Bayern hubiera registrado la importancia del mediocampo del campeón alemán para desarrollar su impresionante fútbol a la velocidad que le caracteriza. Controlar a Kagawa, cortarle las vías de salida a Gündogan, y ocupar al máximo a Kehl, son los tres pilares con los cuales es posible edificar resistencia ante Dortmund.

Esas tareas se cumplen con un organizado mediocampo: Robben y Ribéry tenían que taponar las salidas por las bandas de los dos veloces laterales para dificultarles la entrega; Luiz Gustavo debía moverse por toda la horizontal para recortarle espacios de recepción a Kagawa; Schweinsteiger y Kroos estaban obligados a buscar el choque permanente con Gündogan y Kehl para ahogar las alternativas de construcción.

Eso no sucedió, y así llegamos al cuarto error de la noche, al que tiene nombres propios, y dos protagonistas: Luiz Gustavo y Jerome Boateng.

Lo del brasileño, en mi valoración personal, no sorprende. No se le puede pedir a ningún futbolista que juegue a la perfección, pero si se le puede pedir que los 90 minutos esté concentrado de una forma equilibrada. Luiz Gustavo, un gran luchador, tiene –como yo lo veo- un grave problema, que es constante: por pasajes, rindiendo globalmente de forma destacada, “se le van las luces” y comete ligeros errores posicionales, o de entrega, que usualmente pasan desapercibidos, y algunas veces cuestan caro, como anoche.

El primer gol (el que pasados 3 minutos pues cambia todos los conceptos) nace primero de una mala entrega suya al recuperar el balón, se desarrolla un segundo después con una pésima devolución al vacío entre los centrales Badstuber-Boateng, que no se decidieron –como sí lo hizo Kuba- a hacerse con el balón, y termina con Kagawa convirtiendo porque el brasileño le permite correr tranquilo y sin apremio a su izquierda.

A partir de allí, el partido de Gustavo estuvo fatal. Pero aún peor estuvo Boateng: en el 0-1 hasta le excuso, la devolución del balón le coge a contrapierna, corriendo en dirección opuesta a la que tomó el balón, pero en el segundo, empezando con su forma estática de defender ante Kagawa, a quien le bastó un truco de circo (un tacón) para dejarlo fuera de escena, y luego la generación del penalti contra Piszczek.

Hasta ese momento (y eso es muy poco) el Bayern le apostaba a su mejor carta: el ataque. En partidos como la semifinal contra el Real Madrid la fórmula resulta; anoche, contra una defensa mejor parada, fracasó. Este recurso es demasiado poco.

Tengo que repetir lo que dije a la pausa: yo no vi al Bayern tan mal en los primeros 45 minutos de la Final de la Copa Alemana; vi errores puntuales (sus ya conocidas falencias defensivas), que como ya dije, los de Múnich intentaron compensar como lo han hecho a lo largo de la temporada: atacando. Eso sí, también vi un Dortmund inmenso (pero eso, ya lo mencioné, es otro tema).

El segundo tiempo trajo el que para mí es el peor error cometido, el quinto (y como no hay quinto malo): la renuncia al colectivo.

La organización se perdió, cada jugador intento hacer lo suyo, los espacios se regalaron de manera increíble, las responsabilidades se olvidaron. Una inviatación a ser derrotados como lo fueron: 2-5.

Hay que corregir, el Bayern sabe que la final de la Champions League no se puede (debe) perder; tres veces segundo es un desastre en Múnich.

P/S: A partir de hoy, y hasta el próximo domingo, cada día estaré aquí actualizando todo lo pertinente a la final de la Champions League. Desde el miércoles desde Múnich mismo. No se pierdan el cubrimiento.

Date

mayo 13, 2012 | 1:01 pm

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