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Fútbol alemán

Deutsche Welle en español

Daniel Martínez | Eurocopa Selección alemana

El día del cambio

4-1 contra Grecia. El paso a semifinales de Alemania en la Eurocopa se logró gracias a una valiente decisión del entrenador Joachim Löw, quien de forma consecuente, luego de haber dicho al terminar la fase de grupos del torneo que se debía “mejorar el juego ofensivo”, cambió TODA la línea ofensiva de la selección.

Se los conté en el post previo al partido contra los griegos: el debate táctico del cuerpo técnico de los alemanes fue intenso. Pero cuando un equipo cuenta con una banca de tanto calibre, la valentía de modificar una formación titular que venía de obtener tres triunfos, es posible, incluso fácil.

Al escucharse oficialmente la noticia que yo ya aquí les había adelantado, la sustitución de Gómez, Podolski y Müller por Klose, Schürrle y Reus, la sorpresa en el mundo del fútbol fue enorme. El desconcierto del entrenador griego aún mayor.

Alemania –y eso es una virtud que no debe pasar desapercibida- prácticamente no perdió en nada la mecánica que se requiere para armonizar el juego en conjunto; en compensación ganó en movilidad y efectividad en la combinación. Los números de la selección en el partido contra Grecia fueron fenomenales, en especial el primer tiempo cuando la posesión del balón fue del 82% y (lo más importante) su cuota de pases correctos alcanzó el 91%.

Los cambios mostraron una Alemania igual de sólida, pero más ágil, algo que sin lugar a dudas era necesario para derribar la muralla defensiva que Grecia planteó. La mayoría de ustedes, si son el aficionado promedio, están muy atentos a aquello que sucede en la cancha CON EL BALÓN.

Anoche el partido de cuartos de final de la Eurocopa fue uno de esos que se gana SIN EL BALÓN, uno en el que es más importante mantenerse constantemente en movimiento, ocupando a la defensa rival, obligándola a moverse con el hombre que arrastra la marca y va creando espacios a su espalda para que sean ocupados y aprovechados por un posible receptor del pase servido por aquel que conduce la pelota.

Eso es algo que Reus, Klose y Schürrle aportan. Eso es lo que no aportan Podolski y Gómez (Müller sí, pero a este le supera Reus en la virtud de asociarse a las jugadas en pared corta).

Hay partidos en los que el rival, por su disposición de querer tener el balón, de querer también proponer su propio juego, permite que Alemania sea un poco más estática de lo que se necesitó contra Grecia. En esos partidos brilla un Gómez, que se puede dar el lujo de merodear constantemente por el área del contrincante si tener que vincularse demasiado al juego asociativo; esos son los partidos en los que Podolski, cuyas gambetas y desbordes aún son desconocidos en el universo futbolístico, pero cuya pesada presencia, llena de una robusta corpulencia en su fútbol le hacen peligroso y difícil de controlar, destaca.

Pero repito, contra Grecia se necesitaba otra cosa, otro planteamiento. Y que Alemania tenga en la banca los jugadores que le permiten modificar su fútbol de acuerdo al perfil de los rivales es una bendición para la afición, una garantía de que se pueden obtener resultados positivos sin importar que equipo se tenga al frente. Mete un poco de miedo eso, y al mismo tiempo eleva el listón de exigencias a una elevada altura.

¿Qué sucederá en la semifinal? ¿Qué equipo mostrará Löw? ¿Por qué se encajan dos goles contra una Grecia que prácticamente no ataca?

Pues para abordar aquí todos esos interrogantes aún nos queda tiempo desde hoy y hasta el jueves, así que vamos con calma. Les anuncio de todas formas que antes de intentar dar respuestas a esas preguntas, me ocuparé en el próximo post de dos personajes: Bastian Schweinsteiger y Jerome Boateng.

Hasta entonces disfruten.

Date

junio 23, 2012 | 10:53 am

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