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Fútbol alemán

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Daniel Martínez | Perfiles Selección alemana

No hay voluntad de redimir a Ballack

Ustedes ya deben saberlo, pero en caso de que lo hayan olvidado, pues se los recuerdo: la selección alemana y Michael Ballack terminaron su relación en medio de un traumático divorcio. El amor que se tuvieron se transformó en (¿odio?) amargura mutua.

El ex capitán alemán culminó su carrera como seleccionado saliendo por la puerta de atrás del equipo. Y las directivas de la selección, heridas en su ego, ni siquiera le regalaron una mirada al verlo abandonar la institución. Ahora Ballack intenta extender de nuevo la mano para hacer las paces, haciendo público que le gustaría disfrutar de un partido de despedida, y la respuesta oficial es: “¡de ninguna manera!”.

En una entrevista reciente, Michael Ballack, quien hace tan sólo unas semanas hizo pública su decisión de retirarse del fútbol activo, recapituló sobre lo sucedido en su carrera profesional, y manifestó que uno de sus máximos deseos era poder despedirse oficialmente de los aficionados de la selección, y del Leverkusen.

Es que el ex capitán nunca dijo adiós de manera formal, y ahora que le gustaría hacerlo, por lo menos en el equipo nacional ya le comunicaron que se puede ir olvidando de algo así.

Ballack, y esto hay que tenerlo muy vivo en el recuerdo, se convirtió en su última época con la selección alemana en una piedra en el zapato del entrenador Joachim Löw: un jugador incomodo, que no “comía callado”, que abría la boca para revirar ésta o aquella actitud del cuerpo técnico o los colegas, que cuando era necesario buscaba el enfrentamiento, con quien fuera, que creía en jerarquías y exigía respeto.

Desde la cima de su popularidad y sus logros, el capitán se había convertido en una referencia alternativa al cuerpo técnico de la selección. A Löw esto no le vino bien, su constante búsqueda de armonía al interior del equipo, de darles a todos los integrantes la sensación de ser “iguales”, no admitía un “líder” tipo Michael Ballack.

Por eso, a la primera oportunidad que se le presentó, pues le descartó de la selección: verano del 2010, poco antes de iniciar la preparación del Mundial de Sudáfrica, Ballack sufrió una lesión. Löw elevó a Philipp Lahm a capitán del equipo, y ya no volvió a convocar al ex capitán, primero argumentando que aún no estaba plenamente recuperado, luego escudándose en las abiertas diferencias que les separaban. (Para mayor información deben leer estos artículos:Ballack vs Löw; Ballack contraataca; Ballack rechaza jugar contra Brasil).

Pues bien, todo quedó allí. Y ni siquiera ahora, que Ballack en un tono más moderado casi “súplica” por una despedida, la selección da su brazo a torcer. Por el contrario, sacan a relucir aún más ropa sucia.

El gerente del equipo nacional, Oliver Bierhoff, contó que a Ballack (que jugó 98 partidos para Alemania), le ofrecieron completar los dos juegos que le faltaban para ingresar en el selecto club de los “centenarios”. “Él lo rechazó”, y luego se le ofreció la oportunidad de decir adiós a la afición en el partido contra Brasil, jugado en Stuttgart en agosto del 2011, y para el jugador eso lució como “una limosna”.

“Ahora ya no hay más oportunidades de despedidas” dijo Bierhoff, y recordó que otras figuras, como Jürgen Klinsmann, tampoco recibieron este tipo de partido, que según explicó “se hacían antes para ayudarle a los futbolistas retirados a mejorar un poco sus ingresos”, lo cual no es el caso de Ballack.

Y así, al ex capitán alemán no le queda otro remedio que resignarse a quedarse sin el merecido adiós de la afición. “Hay otros temas más importantes que ese partido de despedida”, comentó Ballack la decisión de los responsables de la selección alemana.

Date

octubre 15, 2012 | 10:02 am

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