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Fútbol alemán

Deutsche Welle en español

Daniel Martínez | Selección alemana

¿Pan, o circo?

Sé que a muchos les aburrió el partido de anoche entre Alemania y Holanda. Sólo me resta darles la razón, el amistoso no ofreció el más mínimo espectáculo. De otro lado, el fútbol no es un circo, y a veces hay cosas más importantes que divertir al público.

Desde la perspectiva de los muchos bostezos que generó el juego alemán, suena paradójico que desde aquí les quiera hablar de lo valioso que fue el partido contra Holanda, y de las muchas cosas buenas que dejó.

Lo confieso, incluso a mí, amante de ser testigo de esos partidos movidos, llenos de combinaciones y jugadas vistosas, de goles, de aquellos minutos estelares de determinados futbolistas, el duelo en Ámsterdam me puso a caminar en la cuerda floja de la somnolencia.

Pero no olviden, al aficionado de verdad, ese que viste la camiseta no sobre el torso sino sobre el corazón, lo que menos le importa es el “juego bonito”. Si éste se da, bienvenido, pero si no, al final es el resultado (que es al final el que siempre importa), el que decide sobre su estado de ánimo.

Y desde esa otra perspectiva, la Alemania de anoche, la de los 90 minutos, merece más aplausos que la espectacular que vimos contra Suecia durante 60 minutos, en un partido que como el contra Holanda, terminó en empate (4-4) dejando un sabor amargo en la boca, una enorme frustración, y una sensación de derrota enorme.

En Ámsterdam, en cambio, quedó evidente que la selección por fin se tomó en serio la tarea de conservar un equilibrio en todas sus líneas, que todos los jugadores, incluidos los más talentosos a la hora de generar acciones ofensivas, se sacrificaron para defender, que el grupo lució sólido y concentrado, que cada individuo entendió cuál era su tarea, y aún más importante, en que situación debía aportar mucho más de lo que se le exige.

En el post anterior hablamos del estreno en Alemania del “falso” 9, pero éste no ocurrió, o no por lo menos bajo la sombra del modelo español. Más bien nos topamos con una rotación constante, y muy dinámica, de cuatro actores muy jóvenes en el mediocampo ofensivo (Holtby, Reus, Müller, Götze), que si bien, frenados por lo profundo que se plantó Holanda en su propio campo, no logró desplegar todo el poderío de ataque que sabemos posee.

Pero aún sin que este cuarteto (base de la selección a partir del 2016) nos mostrara los fuegos artificiales que están en capacidad de prender con suficientes espacios, fue más que reconfortante saber que con ellos no se pierde el equilibrio, que esa apuesta no significa regalar espacios, o otorgar ventajas en las marcas, pues su labor en el regreso estuvo llena de compromiso.

Y viendo la dupla Gündogan / Lars Bender, no hay aficionado que no pueda recostarse tranquilo en su sillón diciendo “con estos me siento seguro”. Y ese dúo es otro para el futuro.

Con todo lo que yo, y ustedes, le puedan criticar al entrenador Joachim Löw, él fue anoche el gran ganador pues demostró que a) tiene suficiente material para corregir las cosas que no funcionan en la selección; b) sí se puede defender y recuperar sin renunciar a buscar el partido desde la premisa de plantar un equipo en capacidad de generar peligro en cada oportunidad que se le presente.

Ahora lo importante es que aquellos que no estuvieron en el partido contra Holanda, los Schweinsteiger, Özil, Khedira, Boateng, y demás, como piezas claves de Alemania, hayan también entendido a la distancia el mensaje: si se puede jugar a lo que se quiere sin renunciar a lo que se debe.

Pocas veces hay bostezos tan preciados como los que produjo Alemania anoche jugando contra holanda. El dilema es saber si el aficionado alemán quiere pan, o prefiere el circo.

Date

noviembre 15, 2012 | 3:05 pm

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