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Fútbol alemán

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Lo que dice el arranque

La primera fecha de la Bundesliga le “revolcó los papeles” a los expertos que analizaron el cierre de la pretemporada y a partir de lo ocurrido hasta allí (contando la fecha de la primera ronda de la Copa Alemana) contaron lo que se podía esperar del nuevo campeonato. Yo, sin contarme entre los expertos, también hice mi análisis; ese también se derrumbó (parcialmente).

Veamos: el Bayern, a quien todos (los que saben y yo) consideramos desde ya campeón, terminó sufriendo contra un Wolfsburgo que encuentra las razones de su derrota más en su propio actuar que en el del rival. En el partido en Múnich el local, en el primer tiempo, dominó el balón y controló las acciones a su antojo (sin llevar el peligro al arco de Benaglio que una situación así debería generar); en el segundo, cuando el inglés McClaren corrigió su testarudo error de jugar sin un medio creativo definido (entregándole esa responsabilidad al brasilero Josué, que no lo es) y mandó a la cancha a Misimovic, quien le cambió la cara al partido (y por cierto no hizo ningún intento por ocultar su disgusto y dejar en claro que desea irse, especialmente porque está herido debido a los coqueteos infructuosos del club con Diego de la Juve) y en dúo con su “compadre” Dzeko puso a tambalear al Bayern, que al final se quedó con el triunfo más a punta de moral que de justicia.

El otro gran favorecido por el balance previo de la Bundesliga fue el Bremen, ¿y qué pasó? Naufragó (1-4) ante el Hoffenheim (al que todos ven en mitad de tabla), pero no ante el Hoffenheim del año pasado, sino contra el Hoffenheim que tanto gustó en sus primeros 6 meses en la primera división, el Hoffenheim del pressing perfecto, el Hoffenheim de avances a un solo toque, el Hoffenheim incisivo, el Hoffenheim que no regala espacios, el Hoffenheim que utiliza toda la extensión de las laterales al desdoblarse, el Hoffenheim que derrocha estado físico y velocidad. El Bremen que le ganó a la Sampdoria no fue el Bremen que visitó al Hoffenheim y el problema aquí es físico y mental; físico porque el equipo no está aún preparado aún para jugar dos partidos a gran nivel en la misma semana, mental porque entre mejor era el Hoffenheim más pequeño se sentía (y actuaba) el Bremen.

El Maguncia ganó, muy bien por cierto, pero el Dortmund, que había dejado tan buena impresión en la preparación de la temporada, perdió contra uno al que todos consideran que aún le falta, el Leverkusen, donde Michael Ballack tuvo aire para jugar 90 minutos. Pero la estrella del partido, el triunfo 250 de Juup Heynckes como entrenador en la Bundesliga, fue (hay que decirlo porque los sudamericanos están de capa caída en el fútbol de Alemania) el chileno Arturo Vidal, quien destruyó todo lo que había que destruir y se encargó, casi en solitario, de frenar las iniciativas ofensivas del Dortmund.

Pero la gran sorpresa de la primera jornada de la Bundesliga fue el Hamburgo, derrotando (eso no fue sorpresa) al Schalke exhibiendo un fútbol de inmenso (así, en mayusculas INMENSO) nivel. Los del puerto arrollaron al equipo de Felix Magath (donde otra vez el mejor, otra vez sin resonancia, fue el peruano Jefferson Farfán) con una actitud ofensiva alimentada por las bandas por Elia y Pitroipa, con una contundencia personificada por van Nilsterooy, con una gran movilidad del “viejo” Zé Roberto, y un orden defensivo en el que Westermann se sacó la espina tras haber sido vendido (casi contra su voluntad) por el rival de turno.

Ya rueda la Bundesliga, y lo que nos dice la primera fecha -contando las convincentes victorias de l

Date

agosto 23, 2010 | 4:57 pm

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